«¿Y para cuándo la tendría?» es, después del precio, la pregunta que más se repite en el estudio. Es una pregunta legítima y muchas veces tiene detrás algo concreto: un alquiler que vence, una mudanza cerrada, unas navidades en las que se quiere estrenar casa.
La respuesta honesta es que una cocina alemana no se compra, se encarga. No hay un almacén con tu cocina esperando: se fabrica a tus medidas después de que tú firmes. Eso tiene una parte buena enorme —encaja al milímetro— y una consecuencia lógica: hay que contar con un calendario.
Vamos a desglosarlo fase por fase para que puedas planificar con criterio.
Es la fase más elástica, porque depende de vosotros más que de nadie.
Empieza con una primera visita al estudio en la que hablamos de cómo vivís, cómo cocináis, cuántos sois y qué os saca de quicio de vuestra cocina actual. Con eso y con las medidas del espacio hacemos una primera propuesta de distribución.
A partir de ahí viene un ida y vuelta: se mueve la isla, se cambia la columna de sitio, se prueba una versión con la lavadora dentro y otra con la lavadora fuera. Después llegan los acabados, la encimera y los electrodomésticos.
Hay clientes que cierran todo esto en dos semanas y clientes que necesitan dos meses. Ninguna de las dos cosas está mal. Nuestro consejo: no corráis en esta fase. Es la única parte del proceso en la que cambiar de opinión sale gratis.
Una vez cerrado el diseño y antes de pedir nada a fábrica, hay una medición en obra que es sagrada. No es la medición orientativa del principio: es la que fija los milímetros con los que se va a fabricar.
Y aquí está la clave de todo el calendario: esa medición solo puede hacerse cuando las paredes están en su sitio definitivo. Si hay obra —tirar un tabique, alicatar, cambiar ventanas, mover instalaciones— hay que esperar a que esté hecha. No se puede fabricar contra un plano de intenciones.
Ese es el punto donde más proyectos se retrasan, y casi nunca por culpa de la cocina. La obra se alarga una semana, la medición se mueve una semana, y la fabricación entera se desplaza.
Con las medidas cerradas y el pedido confirmado, la cocina entra en la programación de fábrica. Aquí el plazo ya no depende ni de nosotros ni de ti: depende del calendario de producción y del transporte.
Como referencia, en nuestros proyectos el plazo habitual es de cinco a seis semanas desde la confirmación del pedido hasta que el camión llega a Valencia. El plazo exacto varía según la época del año y según lo que lleve tu cocina: los acabados de catálogo estándar salen antes que una laca en color especial o una chapa con selección de veta.
Tres factores que alargan esta fase:
Nuestra recomendación práctica: si tienes una fecha objetivo, dínosla en la primera visita. Trabajando hacia atrás desde esa fecha sabemos exactamente cuándo hay que tener cerrado el diseño, y eso ordena todo lo demás.
La cocina llega embalada y se monta en casa. Es una fase relativamente rápida y muy visual: en un par de días el espacio pasa de estar vacío a parecer una cocina.
Lo que se hace aquí es nivelar, anclar, colgar, ajustar puertas y cajones y dejar los muebles a plomo. En una cocina estándar es cuestión de uno o dos días; solo las muy grandes, con isla y varias columnas, piden algo más.
Y aquí viene el detalle que sorprende a mucha gente: la encimera no llega con la cocina.
Una vez montados los muebles, el marmolista viene a tomar plantilla sobre los muebles reales, no sobre el plano. Se marcan los huecos del fregadero, de la placa y de los enchufes, y se comprueban las escuadras de la pared, que casi nunca son perfectas.
Con esa plantilla se corta la pieza en taller y se instala entre tres y siete días después, según el material y la carga de trabajo del marmolista. Es un plazo intermedio que hay que tener en el calendario, porque durante esos días la cocina está montada pero no se puede usar.
Esto explica una escena habitual: los muebles están, la cocina parece terminada en las fotos, y todavía faltan varios días para poder cocinar. Es normal y no es un retraso.
La última fase: fontanero y electricista conectan fregadero, lavavajillas, placa, horno y campana; se sella el perímetro; se ajustan los frentes una segunda vez, ya con todo en carga, y se repasa.
Aquí es donde se detectan las pequeñas cosas —una puerta que no alinea del todo, un zócalo que hay que recortar— y donde se cierra la entrega. Nosotros hacemos una revisión final con el cliente delante, lista en mano.
Si juntamos los plazos que sí dependen de nosotros, contando desde el día en que se confirma el pedido, el calendario queda así:
Es decir: desde que se confirma el pedido hasta que puedes cocinar, en torno a siete semanas.
A eso hay que sumarle, por delante, dos cosas que no están en esa cuenta: el tiempo de proyecto y decisiones, que depende de vosotros, y la obra previa si la hay. Por eso una cocina que empieza hoy con la primera visita no está lista el mes que viene.
Después de muchos proyectos, los retrasos casi siempre vienen de los mismos sitios:
Entendemos la impaciencia. Nadie encarga una cocina para esperar. Pero es útil recordar por qué el plazo existe: porque nadie ha fabricado nada hasta que tú has dicho que sí, y porque cada mueble se corta con tus medidas. Eso es exactamente lo que hace que, cuando se monta, todo encaje sin recortes ni rellenos.
Si tienes una fecha en la cabeza y quieres saber si llegas, escríbenos o pásate por el estudio. Sacamos el calendario hacia atrás y en diez minutos sabrás si es viable o si hay que ajustar algo.









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